Mi parto y el nacimiento de Maia

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Mi parto y el nacimiento de Maia

Empece escribiendo un post sobre como quería que fuera mi parto esta vez y  me pareció obligado contaros mi primer parto, que aunque no fue un parto respetado fue un parto rápido, sin dolor, del que tengo un buen recuerdo.

Era la segunda vez que acudía a monitores, durante esa semana había tenido contracciones, las que notaba como una leve molestia, todavía faltaba una semana para salir de cuentas, mi matrona con la que había tratado en todo momento, una mujer muy mayor pero con muchos partos a su espalda, me recomendó reposo en casa, pues tenía muchas contracciones y mi ginecóloga estaba de guardia en el hospital así que me fui a casa y me tumbe en el sofá, los monitores fueron a las 9 de la mañana y así pase el día, tirada en el sofá con contracciones leves.

Llego la noche y a las dos de la mañana ya era incapaz de estar tumbada, las contracciones empezaron a ser más fuertes, así que decidí meterme en la ducha, ahí sentada estuve durante un buen rato, después me seque el pelo y arregle, ya eran las cuatro de la mañana y mi marido dormia plácidamente, a todo esto recordar que era primeriza y realmente no sabia si estaba de parto, así que me senté en la pelota de Pilates, en la habitación que habíamos preparado para Maia, frente a su cuna y llame a mi madre por teléfono y así estuvimos durante una hora, al teléfono hablando de todo y entre risas y contracciones, balanceando la pelvis en la pelota como me habían enseñado en Pilates, ¿que haría yo sin mi madre? hizo que esa rato fuera mucho más ameno.

Viendo que ya no podía más decidí sobre las 5 de la mañana despertar a mi marido, quien por cierto no lo hizo de muy bueno humor, supongo que tampoco sabia si de verdad estaba de parto, después de una ducha parece que se dio cuenta de la situación y puso todos sus esfuerzos en mi y en que estuviese tranquila.

Decidí esperar para llamar a mi matrona hasta las seis de la mañana, sinceramente lo que me preocupaba era despertar a la mujer y que no estuviera de parto, estoy segura que si hubiesen sido otras horas la habría llamado antes, quedamos a las 7 en el sanatorio Santa Cristina, mi marido me dejo en la puerta y fue aparcar, cuando llegamos no había nadie, esperamos a que llegase mi matrona, quien me puso el monitor y realizó un tacto, estaba de 4 cm.

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Mi matrona mando a mi marido a desayunar mientras yo me ponía el estupendo camisón con el culo al aire y ella me ponía un enema (el que estaba desacuerdo en ponerme).He de decir que aunque me deje llevar totalmente por la matrona que aunque muy agradable, poco actualizada y poco respetuosa, yo si sabia lo que quería y lo que no, quizás no tenia tan claro como hoy los efectos de todo lo que me hicieron pero en aquel momento no me planteaba  luchar contra la autoridad medica como me lo planteo hoy para que respeten mis deseos. Y como no, al final accedí sumisamente a todo lo que me hicieron.

Yo no tenía miedo al parto, llegaba relajada con el pensamiento de que había que pasar por esto y que cada momento me acercaba más a conocer a mi hija, las contracciones aunque dolorosas, no las sentí insoportable, respirar y saber que van ha pasar, me hizo llevarlas muy bien.

Cuando llego mi marido ya estaba en la cama postrada, con el camisón y la vía puesta, no recuerdo bien si me puso oxitocina de entrada o espero un poco más pero vamos me la puso, junto con la carpeta del ginecólogo adjuntaba un plan de parto que ni siquiera había presentado, al verlo la matrona se puso a la defensiva, “que para que quería eso” y cada vez que alguien nuevo entraba en la sala, le decía “mira si ha traído un plan de parto “, me sentí ridiculizada, pero bueno tampoco quise centrarme en eso y me concentre en la espera de Maia.

Yo me había llevado zumo, agua y galletas, a pesar de que mi matrona me dijo que solo podía mojarme los labios yo bebí tanto zumo y agua como quise cuando no miraba.

Al poco tiempo llego el anestesista que por cierto me cayo fatal, lo primero que le dijo a mi marido en tono burlesco, “¿encima te habrá despertado y dado la noche no?” supongo que eso le haría gracia a el por que a mi con las contracciones y el miedo que tenia bien poquito.

Me senté en la cama y mi marido delante me cogía las manos, mientras me intentaba tranquilizar, la verdad tenia un miedo horrible y se me saltaban las lagrimas, el anestesista insistía en que no me moviera y yo le pedía que esperase que venia una contracción, me hablo de malas formas, como venga esta ya quieta, que no es para tanto, para mí fue el peor momento.

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Una vez pasado todo esto, estaba relajada en la cama, con mi marido de la mano, sin ninguna dolor, muy tranquila sin prisa ninguna, mi matrona insistía en romperme la bolsa, a lo que negocié (que tiene narices tener que negociar las decisiones sobre tu cuerpo) que esperara una hora.

Así que a la hora decidió romper la bolsa yo accedí claro, al poco tiempo y después de varios tactos, me dijeron que ya estaba lista y entre un enfermero y mi marido me pasaron a la sala de partos, mi marido recuerda como se me arquearon las rodillas hacia atrás yo creo que desde ese momento tengo algo de tendinitis en el rodilla izquierda.

Una vez en el potro la ginecóloga me pidió que empujara, lo que hice mientras echaba el aire, quien me recrimino que así perdía la fuerza y no saldría mi bebe, cosa que me molesto bastante pues semanas antes había hecho una formación con una matrona especialista en parto domiciliario con la que habíamos hablado mucho sobre la respiración, ni si quiera respirar le parecía bien. Y como no el pediatra me hizo la maniobra de kristeler, algo que tenia claro que no quería que me hiciesen, pero una vez te metes en la boragine del parto o has negociado antes sobre tu parto o tu marido debe ser el que se encargue de que respeten tus deseos, unos pujos dirigidos más y mi pequeña nació, rápidamente cortaron el cordón umbilical, el pediatra la reviso mientras la ginecóloga me enseñaba la placenta a la que preste ninguna atención, pues toda mi atención estaba puesta en ver a mi hija como lloraba mientras la reconocían.

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En entonces llego ese momento que toda madre recordamos, en el que nos lo ponen encima se olvida todo, no ves nada más que su carita, sus ojos mirándote, mientras tanto la ginecóloga cosía el desgarro y la episiotomía que me había hecho.

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Al poco tiempo se la llevaron para limpiarla y vestirla a pesar de mi insistencia en que quería hacer piel con piel. Entre en la sala de dilatación sobre las 8 de la mañana y a las 11:15 Maia había nacido, en la puerta se encontraban mi madre y mi suegra quien vieron a la pequeña mientras la llevaban a nuestra habitación, después pudimos pasar una hora a solas los tres mientras los abuelos tomaban algo y nosotros nos conocíamos, hacíamos el piel con piel e iniciábamos la lactancia tranquilamente.

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Para mi resulta muy difícil describir todos los sentimientos que tienes una vez que la tienes en brazos, es increíble sensación, esa inmensa felicidad, que a pesar de todo lo que has pasado estas radiante,  en el que todo de tu bebe es maravilloso, su olor, su piel, sus ojos, como te mira, todas las que habéis sido madre ya conocéis todas estas sensaciones.

Al cabo del día empezamos a recibir visitas, las primeras horas no recuerdo el cansancio supongo que por el efecto de la epidural y la oxitocina, pero conforme pasaba el tiempo estaba deseando descansar en soledad, creo que esta vez pediría a los familiares que esperasen a venir a vernos, para poder descansar y disfrutar de la paz mientras nos conocemos.

A pesar de que accedí a todos los procedimientos que no quería, no tengo un mal recuerdo, no fue traumático, pero tengo claro que esta vez espero un parto muy diferente, consciente de que puede ser mucho más doloroso.